Zona de Caza.
Tomando café, en una zona conocida de la ciudad de las palmas, concretamente en la zona del paseo de las canteras, el día soleado y claro, invitaba a sentarse en una de las terrazas a tomar una cerbecita bien fría, aunque aún siguiéramos viviendo el invierno, el cual aquí pasa casi desapercibido.
Bajo una sombrilla, y sobre la mesa una jara de Tropical bien fría, a su lado unos manices, y en otro plato unas aceitunas, hacían que el día fuera idílico, la gente paseaba, parejas cosidas de la mano, corredores que controlaban el tiempo y la zancada de la carrera, alguno con su perrito de paeo desafiando las normas municipales, niños correteando aquí y allá, jugando con las esculturas del paseo, y abajo en la arena otro mundo idéntico al que veía yo, pero en bañador. La gente jugaba volley, usaban raquetas, corrían por la playa, otros luchaban, como ya he dicho un día precioso decorado con el azul intenso del mar al fondo y allá a lo lejos la isla vecina.
A mi derecha casi pegados a mi lado un chico, precioso, no le calculé mas de veinticinco años, y la que presumiblemente era su madre, saboreaban unos helados y otro numero igual de refresco aun estaban a medio terminar sobre la mesa.
Alguien se les acerca, puedo verlo por el rabillo del ojo, es un chico mas bien un señor, viste de manera juvenil, pero si lo observas bien cosa que ice después se podría decir que esta sobre la cuarentena, se acerca al chico y le dice algo que no termino de escuchar. El chico entre mosqueado y formal, le contesta algo que tampoco puedo entender muy bien, pasan unos segundos y puedo escuchar con toda claridad como el visitantes es “mandado a la mierda”, en ese momento ya miro descaradamente por el tono alto de la voz del chico.
El visitante se marcha, y madre e hijo se quedan hablando un poco alterados, yo entre preocupado y cotilla, me les dirijo y pregunto que si esta todo bien, ellos como deseando que alguien les echar aun flotador cual náufragos a la deriva, se viran hacia mi, y comienzan a contarme lo sucedido, la señora esta alterada de una manera muy visible.
El visitante se había acercado al chico y sin apenas mediar palabra se le insinuó de manera soez, el chaval entre sorprendido y avergonzado intento ser educado respondiéndole el visitante que no se hiciera el tonto, que “se había tirado muchísimos como el, que no se hiciera el ofendido”, a lo que el en ese momento fue cuando lo mandó a donde lo mandó, ahí fue cuando la mama fue consciente de lo que había pasado y quiso intervenir emprendiendo la retirada el visitante.
La señora no salia de su asombro, no paraba de decir que le parecía increíble como era la gente, que clase de desviado maleducado era ese hombre etc. el chaval ocultaba algo en su mirada, les deje que hablaran durante largo tiempo, ella a la vez que hablaba e iba descargando toda su tensión se iba relajando, el chaval rara vez intervenía. Hablando de todo un poco, la señora quedo encantada conmigo, y me invito a tomar café otro día, y nos intercambiamos los teléfonos, por pura cortesía se lo di.
Después de todo fue un día normal y corriente.
A los dos días, llego un sms a mi móvil, era de un numero que no conocía, pero me parecía muy curioso ya que provenía de alguien que me conocía y me citaba en la terracita donde había estado hacia dos días, pensé que seria la señora y su hijo que habían cambiado de teléfono.
Una vez en la terraza, sentado y con mi cerbecita sobre la mesa, alguien se me acerco me puso la mano en el hombro y me saludo de una manera muy cortés. A mi me costo algo reconocer quien me saludaba, pero tras unos segundo en bahía, vi que era el chico del altercado, le pregunte por su mama y el me dijo que no que quería venir solo, además ella andaba en sus quehaceres, así que el aprovechaba a darse un paseo, y quería charlar mas conmigo.
Mi diablillo inquisidor se apodero de mi y antes de que dijera nada le inquirí lo del otro día no era nada nuevo para ti ¿verdad?, el, mirándome a los ojos, sin ningún tipo de prejuicio me dijo que no, no era nada nuevo para el, pero eso pertenecía aun pasado que ya no quería volver. Lo que había sucedido aquel día era algo muy habitual en el paseo, los tipos se acercaban a los chicos sin ningun tipo de duda y les inquirían, la mayoría conseguían llevarse de calle a los chavales que andaban por ahí, era como una especie de zona de cruising, pero sin tapujos y sin importar quien estuviera, pero lo de ese día había sido excesivamente descarado.
El chaval me contó que en una vida pasada vivía del juego ese se cazar y ser cazado, los señores o chicos con los que iba, les pagaban cenas, muchas veces en sitios de comida basura, o les hacían recargas de móvil para poder seguirse el contacto, alguno que otro mas apoderado, les compraba algo de ropa, a veces incluso se los llevaban de fin de semana a hoteles, la verdad es que fueron tantas cosas que me contó que me tenia un poco desconcertado tanto dato, pero me parecía fascinante el mundillo que se urdía frente a las narices de todo el mundo y sin que nadie o mejor dicho para ser mas exactos solo unos pocos se daban cuenta de lo que pasaba.
Paseamos ese día por las canteras, el me seguía hablando de todas las cosas que conocía, y de un momento a otro comenzó a decirme quien era quien, yo alucinaba, había toda clase de personas, la inmensa mayoría de mas de cuarenta años.
Me dijo ¿quieres ver algo interesante? Me sentó en un banco a unos veinticinco metro mas o menos de donde se sentaría el, donde pudiera verlo con calma, el se sentó en un banco y en menos de media hora se le habían acercado como veinte hombres queriendo algo con el, y sin contar los que repitieron, yo alucinaba por la historia, y a la vez me causaba cierta gracia la verdad, volvió a mi lado y me propuso tomar un helado, el invitaba.
Comenzó diciéndome que tranquilo que el helado lo pagaban otros, que de su bolsillo no había salido nada y yo no entendí bien, me contó que cuando alguno pasa mas de una vez, a la segunda te suelen dar una especie de propina “por ser lindo” dicen algunos, es una de las maneras que tienen de engañar o de conquistar a los “nenes”, los mas facilones ni eso, solo con verles el coche ya están a punto de caramelo, era como una zona de prostitución, o peor aun una especia de buffet, donde cada cual cogía lo que quería como quería y cuanto quería. Me contó que también habían como apuestas entre ellos, a ver quien se conseguía tantos en tanto tiempo, que habían otros que les encantaba grabarlos en sus casas mientras se los trajinaban y los mas siniestros los que los drogaban con algún tipo de imnotico para someterlos a todo lo que querían, el tenia amigos que habían contraído enfermedades por que después de drogarlos habían echo con ello cosas indescriptibles sin protección porsupuestisimo.
La mayoría de los que habían o iban de cazadores eran peninsulares, se habían venido viviendo a la isla para poder vivir la “falta” como algunos la llaman de una manera mas anónima, procurando que la familia quedase lo mas lejos posible. También me hablo de otro amiguito suyo que termino en silla de ruedas, por suerte ese tipo de casos es muy raro pero a su amigo le toco terminar así por culpa de uno que se obsesiono con el, y después de ofrecerlo todo, y de intentar tenerlo, se lo encontró un día en el paseo, ese día se lo llevo y de la paliza tan grande quedo con las secuelas, su agresor volvió a su tierra y el quedo moribundo, jamas pudo hacer nada en contra de el, si bien por miedo si bien por que no pudo demostrarlo.
Es tarde terminamos en mi casa, yo como buen anfitrión cocine para el, vimos televisión y charlamos de vanalidades de la vida.
Esa noche, tuve el sueño mas hermoso de mi vida, alguien dormía a mi lado, su respiración su calor y la sensación de haber encontrado a mi media naranja fue lo que mas me motivo a vivir y alejarme de esos submundillos que desconocía.
De eso han pasado cinco años, y a
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